viernes, 24 de abril de 2009

Caminando como Jesús

Jesús se ha convertido en el mejor modelo a seguir de liderazgo de todos los tiempos. Hacer las cosas como Él las hizo, requieren expresar amor como principio de liderazgo, sabiduría, paciencia, valor, sacrificio y trabajo arduo.

El liderazgo basado en el servicio honra a Dios y sus mandamientos, y pone en acción el amor de Jesús. Me intriga mucho la vez que a Jesús le preguntaron cuál era el mandamiento más grande, él respondió: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo corno a ti mismo» (Mateo 21:37-39).

La verdad, para poder llegar a liderar como Jesús, sólo podrá hacerse en la medida en que se camine más y más cerca de Él en una relación rendida de confianza y amor. Es en y a través de esta puerta estrecha que todo el que quiera guiar como Jesús debe pasar, creyendo en su amor perdurable y aceptando el llamado para seguirlo. Como hemos dicho, guiar como Jesús es, en esencia, aprender a amar como Jesús.

Cuando Jesús restauró a Pedro al papel de liderazgo que habría de desempeñar entre sus seguidores, solo tuvo para él una pregunta calificadora: "¿En verdad me amas?" El tema de la instrucción de Jesús era: "Apacienta mis corderos... Pastorea mis ovejas... Apacienta mis ovejas" (Juan 21:1517).

Decidirse a esto pudiera parecer un modelo impracticable e imposible de adoptar en nuestras vidas tan ajetreadas y en constante movimiento, sumado a la inmensa cantidad de decisiones interminable que abordamos día a día. ¡Pero eso es, exactamente, a lo que hemos sido llamados a hacer!

Incluso si derrotamos a los demonios del orgullo y del temor buscando servir en lugar de que nos sirvan, todavía enfrentamos la pregunta: "Cuál es la cosa de más grande amor que puedo hacer en este momento de mi liderazgo, mientras trato de guiar como Jesús?" Hacer las cosas que expresen amor como principio de liderazgo requiere sabiduría, paciencia, valor, sacrificio y trabajo arduo.

En cuanto a la conducta, las cosas que expresan amor varían ampliamente del hacer y hablar, al abstenerse de actuar y guardar silencio. En cuanto a intenciones se trata, el amor deberá ser una constante siempre presente. Jesús nos dejó un vasto tesoro de ejemplos de lo que significa actuar motivado por el amor, como guía.

Piense en lo siguiente: Jesús sanó con un simple toque. Consoló con solo una palabra. Alimentó al hambriento. Consoló al equivocado y al derrotado. Se acongojó con los afligidos. Calmó al aterrorizado. Confrontó la falsedad y habló la verdad. Escuchó con compasión y discernimiento. Dedicó tiempo al débil y al desamparado. Fue a la cruz por todos nosotros.

En su Comentario a la Epístola a los Gálatas, Jerónimo, el historiador de la iglesia del siglo I, escribió lo siguiente acerca del apóstol Juan: "Cuando se quedó en Éfeso hasta una ancianidad extrema, y solo podía ir a la iglesia cuando sus discípulos lo llevaban en brazos, y era incapaz de articular muchas palabras, acostumbraba decir en sus varias reuniones nada más que esto: “Hijitos, ámense unos a otros”. A la larga, los discípulos y padres que lo escuchaban se cansaron de oír siempre las mismas palabras por lo que le dijeron: “Maestro, ¿por qué no para de decirnos siempre lo mismo?” “Es el mandato del Señor”, fue su réplica, “y si solo hacen eso, será suficiente”.

No hay un plan B dado por Jesús a sus primeros discípulos ni a los modernos del día presente, en cuanto a cómo tenían que guiar y servir los unos a los otros. Él se sometió a la voluntad de su Padre para llevar a cabo completamente su única función como el cordero sacrificial por los pecados del mundo, y para ser el modelo perfecto para ser reproducido en las vidas de sus seguidores como un testimonio al mundo entero.

En la medida que vivimos diariamente en relación con los demás, cada decisión que hagamos para servir o para que nos sirvan adquiere una importancia adicional si nos mantenemos sensibles y conscientes de quién nos observa y a quién decimos que representamos. Vamos en el nombre de Jesús.